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jueves, 9 de julio de 2009

Fox hablando de Fox

En la carta que envió el expresidente Vicente Fox al periodista Jorge Fernández Menéndez, autoalabando su gestión es otro ejemplo de la esquizofrenia de su sexenio: un castillo en el aire.

En principio habla de sí mismo en tercera persona, literalmente como si fuera un diálogo entre Narciso y su espejo.

En su monólogo dice que fue “actuó con sensatez, como un verdadero demócrata, con respeto a los poderes y con tolerancia ante los desacuerdos. Mantuvo al país en paz y con desarrollo económico”, seguido de cifras macroeconómicas e inauguraciones dentro de su administración. Bueno, creo que solo se le olvidó mencionar a la Biblioteca José Vasconcelos.

Lo que no dice Fox es que en cada administración se deben de inauguran instituciones, máxime cuando se trata de avances tecnológicos tan importantes como la ciencia genómica; que dada la situación internacional de su administración, las cifras macroeconómicas se mantuvieron dentro de un estándar pasando de panzazo; que el desarrollo económico no cumplió con su tan promocionado crecimiento del 7% anual por lo que quedó mucho a deber; y que mantuvo la paz del país, permitiendo la fuga del Chapo Guzmán y demás condiciones que mantienen la seguridad del país a la vista internacional como un posible estado fallido.

Dice que fue tolerante ante los desacuerdos, aunque a Andrés Manuel López Obrador le promovió un juicio por pensar distinto a él y su grupo. Que respetó los poderes, iniciando su sexenio mandandele besos a sus hijos al recibir la banda presidencial, sin contar muchas irresponsabilidades posteriores. Que fue un verdadero demócrata, manteniéndose todo su sexenio en campaña desde la presidencia, en vez de dedicarse a gobernar, coparticipando en el cochinero electoral de 2006. Que fue sensato, con tantas incongruencias que mostró entre lo que decía, lo que hacía y lo que le corregía la plana su vocero oficial, sin considerar esta carta insensata.

También dice en la carta: “No es tan sólo la historia, son los hechos irrefutables, contundentes y comprobables que demuestran que el presidente Vicente Fox le dio al país lo que muchos otros no lograron”. A pesar de que esta sentencia la emite desde su perspectiva alucinante, sin querer lo condena. Efectivamente nos dio lo que muchos otros no lograron, una crisis en la sucesión presidencial histórica, un revés democrático que aún tiene fresca la herida, un descrédito internacional sin precedentes, una devaluación de la investidura presidencial jamás vista en tiempos modernos...

Parafraseándolo: ¿Por qué no te cayas y te vas?

sábado, 20 de octubre de 2007

Nuevamente la partidocracia se impone

(Texto original del 10 de septiembre de 2007)

Los intereses de la nación nuevamente son moneda de cambio.

La llamada reforma del Estado, a la cual los legisladores se han empeñado en cubrirla con un manto patriótico trascendental, como si de ella dependiera la misma existencia nacional, en la última semana ha mostrado su verdadero rostro: es una reforma para que todo siga igual.

¡Y tan solo tenemos a la vista dos temas! el electoral y el hacendario. Suficientes para demostrar el verdadero trasfondo de la política nacional y los intereses de los partidos políticos.

La verdadera línea de acción, en vez de ser el bien nacional, es el oportunismo para que tal o cual medida se refleje en las urnas a favor de los partidos políticos.

Texto completo en: Soto Cesaretti: Nuevamente la partidocracia se impone

El Informe Presidencial según Acción Nacional

(Texto original del 29 de mayo de 2007)

Sobre la propuesta del PAN sobre cambiar el formato del Informe Presidencial para que lo presente por escrito el 1º de febrero de cada año para que lo estudie el Congreso durante 20 días al termino de los cuales por escrito enviará al presidente sus cuestionamientos, comentarios y sugerencias, para que el presidente comparezca en sesión solemne y responda las preguntas que se le hagan.

La intención es buena, pero como que quedan asuntos por definir.

Texto completo en: Presidencia de México: El Informe Presidencial según Acción Nacional

El relevo presidencial de 2006

(Texto original del 17 de noviembre de 2006)

En la elección presidencial de 1929, en que resultó victorioso Pascual Ortiz Rubio del Partido Nacional Revolucionario (antecedente original del PRI), la élite política y militar posrevolucionaria se puso nerviosa con la campaña opositora del civil José Vasconcelos. En especial, porque el último candidato que había obtenido una victoria electoral para el mismo cargo, Álvaro Obregón, había sido asesinado hacía poco más de un año. Los poderosos en el poder arremetieron con asesinatos, violencia armada, robo de urnas, etcétera. El remedio fue un resultado tranquilizador de la contienda: Ortiz Rubio con 93.55% vs Vasconcelos con 5.33%.

Texto completo en: Almanaque de México: El relevo presidencial de 2006

Vicepresidencia

En seis extractos por separado, se presenta Sistema de suplencia presidencial elaborado en diciembre de 2005, vísperas del año electoral de 2006, para reflexionar sobre una pregunta que con la efervecencia política de la época se antojaba como platillo mayor para una reforma electoral: ...si faltara el presidente de la República ¿quién lo sustituiría?

Ahora, actualizada con una séptima parte con motivo de los trabajos de la Reforma del Estado propuesta para 2007.

Vicepresidencia I, II, III, IV, V, VI y VII.

En nombre de la nación y de Alfedo Ávila

(Texto original del 16 de enero de 2003)

En nombre de la nación.
La formación del gobierno representativo en México
Alfredo ÀvilaTaurus – CIDE, México, 2002, 415 pp.

A mediados de este año, el 6 de julio, se realizarán las elecciones federales que renovarán la Cámara de diputados. En ellas, las relaciones entre los poderes Ejecutivo y Legislativo podrían cambiar en favor o en contra de la presidencia de Vicente Fox.

Este panorama de una nueva correlación de fuerzas trae a colación, una reflexión del significado que tiene el que se voten “representantes” por el pueblo. Además del anhelo de tener en México una nación plenamente democrática.

Por ello el investigador y profesor de la UNAM Alfredo Ávila, en una coedición del CIDE y la editorial Taurus, publicó su libro: En nombre de la nación. La formación del gobierno representativo en México. En él expone el cambio que sufrió la población de la Nueva España para constituirse como sociedad mexicana independiente. Quedó atrás las soberanía que recaía en una sola persona, a una que recae directamente en el pueblo. Misma que es representada por un grupo de personas que son escogidos expresamente para ello. Quienes se reúnen en un Congreso.

Alfredo Ávila explica detalladamente en su obra como fue modificándose la idea y concepto de “representación” al final del virreinato de la Nueva España, su transformación a partir de 1808 y por último como se concreta en 1824 con el establecimiento de la primera república federal de México.

Se creía que en el rey recaía la soberanía por derecho divino (de allí que también se le llama “soberano”), por lo que el México virreinal estaba atado a la familia Borbón que reinaba en España. Pero la invasión francesa de la península ibérica de 1808 derrocó al monarca español Carlos IV, a su hijo Fernando VII y al resto de la dinastía. El emperador de los franceses, Napoleón Bonaparte, en su lugar impuso a su hermano como nuevo rey.

Los españoles de inmediato desconocieron a José Bonaparte y se organizaron para expulsar a los franceses de su territorio. Se establecieron diferentes organismos para dirigir la defensa. Entre ellas, la primera asamblea con “representantes” elegidos libremente por el pueblo de todos los territorios españoles. Incluida la Nueva España.

La crisis provocada por la ausencia regia puso en entredicho que la soberanía recayera sobre un solo individuo, por lo que pasó al pueblo. Como sucedió en los entonces recién independizados Estados Unidos y en la Francia revolucionaria de la época. Una vez reunidas las Cortés de Cádiz, los diputados electos decidieron “representar” al pueblo, tanto peninsular como americano. Y con la ausencia de los reyes borbones, redactaron la primera Constitución española.

Los virreinatos españoles en América, por su parte, determinaron que la dependencia con España se tenía hecha con el rey. No con el resto de los españoles. Dada la ausencia de monarcas y el pueblo a cargo de ejercer directamente su soberanía, decidieron terminar dicha unión. Con la consecuente e inevitable independencia.

El libro de Alfedo Ávila nos dice como se transformó la “representación” elegida por los mexicanos para participar en las Cortes de Cádiz. La que participó en el Congreso de Chilpancingo, primera asamblea cien por ciento mexicana. La que fue llamada para integrar el Congreso Constituyente del imperio de Iturbide. Y la que finalmente integró un nuevo Congreso Constituyente que fundó la República federal mexicana en 1824.

Este libro nos sirve para refrescarnos la memoria del porqué elegimos a un puñado de personas que habrán de decidir por todos nosotros como habremos de gobernarnos.

Los nuevos tiempos de Gobernar sin Mayoría

(Texto original del 16 de enero de 2003)

Gobernar sin mayoría. México 1867-1997
María Amparo Casar e Ignacio Marván (coordinadores)
Taurus – CIDE, México, 2002, 457 pp.

La supremacía que alcanzó el poder Ejecutivo sobre el Legislativo durante las presidencias priístas, cambió tras las elecciones federales de 1997. A partir de estas, el partido oficial perdió la mayoría absoluta en la Cámara de Diputados y la presidencia se enfrentó a un gobierno dividido.
Los investigadores del CIDE, María Amparo Casar e Ignacio Marván Laborde se dieron a la tarea de coordinar el libro Gobernar sin mayoría. México 1867-1997. En el cual muestran los avatares del Ejecutivo para gobernar ante un Congreso de oposición. Contrario a sus políticas y a sus iniciativas presidenciales.

María Amparo Casar nos dice que es más común en las democracias de América Latina un gobierno dividido, que uno con mayoría del partido en el poder. Las elecciones poco o nada competitivas en México, durante los gobiernos priístas, aseguraron que el presidente tuviera mayoría partidaria indiscutible en ambas Cámaras federales. Traduciéndose lo anterior en legislaturas dóciles o Congresos gobiernistas.

El reciente crecimiento del número de diputados de oposición hace ver al Congreso en conflicto con la presidencia. Al punto de creerse posible la parálisis gubernamental. María Amparo Casar niega que los gobiernos divididos crean crisis institucionales. Como lo han demostrado otros países de la región. Apoya lo anterior el consejero ciudadano del IFE, Alfonso Lujambio, quien estudia once Estados de la federación mexicana entre 1989 y 1997.

De manera paralela, José Antonio Aguilar Rivera expone que los gobiernos dividios son consecuencia de la idea misma planteada por Montesquieu: separación de poderes y división de funciones. Nos habla del planteamiento de los “pesos y contrapesos” que se utilizaron en los Estados Unidos. En donde las funciones de gobierno son distribuidas entre los tres poderes, de tal forma que se evite que uno abuse de los otros dos.

En contraparte está la interpretación de los “límites funcionales”. En la cual cada poder asume funciones específicas, las cuales no puede rebasar. Pero carece de métodos reales para evitar un desequilibrio de poderes. Modelo que México heredo de España y Francia. Y que plasmó en sus constituciones.

La Constitución de 1857 dio vida a un Legislativo muy fuerte y un Ejecutivo disminuido. El equilibrio de poderes se logró tras guerras internas, una que otra reforma y principalmente con controles políticos por encima de la Carta Magna.

El Constituyente de 1916-1917 invirtió el equilibrio a favor del Ejecutivo, con un Legislativo manipulable en su conformación, como lo expone Ignacio Marván Laborde. Ya que los procesos electorales quedaron vulnerables durante su calificación.

La democratización de los procesos de elección popular y el subsecuente crecimiento de la oposición de una minoría incipiente a un gobierno dividido, a puesto en evidencia la necesidad del equilibrio de poderes en México.

Jesús Silva-Herzog Márquez habla de que la Constitución se adora, pero no se conoce. Ésta debe ser un instrumento normativo más que un proyecto de nación. Y queda pendiente una reforma integral de ella.

A pesar de que la coedición entre el CIDE y la editorial Taurus es del año 2002, los estudios solo llegan hasta 1997. Interesante hubiera sido un estudio sobre las dos legislaturas con mayoría de oposición que hemos tenido desde entonces. No obstante es una lectura ad hoc, ahora que se aproxima la efervescencia política de las elecciones intermedias del 6 de julio.

Otro de presidentes

(Texto original del 22 de agosto de 2002)

Con motivo de la elección presidencial del día 2 de julio de 2000 que permitió la alternancia en el poder ejecutivo de un partido político a otro, dos comentaristas del noticiario radiofónico Monitor y colaborares del periódico Reforma, Alejandro Rosas Robles y José Manuel Villalpando César, se conjuntaron para la elaboración de un libro de corte enciclopédico que contuviera en una edición de lujo la vida y obra de los mandatarios de México a lo largo de su vida independiente, con semblanzas de sus gobiernos plasmadas en forma amena y ágil, apoyadas por biografías resumidas de cada gobernante, de efemérides contextuales y de ilustraciones a todo color. El resultado fue Los presidentes de México. La historia de los gobernantes de la nación (1821-2000) narrada para los lectores de hoy (México, Planeta, 2001), que incluye a 64 personas que en algún momento de la historia del país concentraron individualmente en su ser la responsabilidad de dirigir a la nación.

Es desde 1985 que los estantes de las librerías no veían un libro que abordara este tema, año en que vio a la luz la primera publicación de Gobernantes de México. Desde la época prehispánica hasta nuestros días (México, Panorama Editorial, 1985) de Fernando Orozco Linares, con sus respectivas actualizaciones sexenales, el cual se convirtió en obra de consulta obligada principalmente para estudiantes.

Ahora con Los presidentes de México se profundiza en el poder ejecutivo nacional desde su nacimiento, con la divulgación de los avatares que sus titulares enfrentaron durante los siglos XIX y XX, en un claro intento de los autores por humanizar la figura presidencial para presentar a los hombres de carne y hueso, con sus defectos y sus virtudes; todo enmarcado en el contexto de la historia nacional, aunque, como dice la historiadora Josefina Zoraida Vázquez en la presentación, la visión de esta historia sea parcial al no incluir gran parte de los procesos de las transformaciones sociales, cumpliendo la obra con proporcionar una visión panorámica del pasado.

Se puede conocer sobre los dictadores y caudillos que marcaron una época en México, como Porfirio Díaz, Benito Juárez, Venustiano Carranza, Antonio López de Sana Anna, y sobre las personas que solo tuvieron de nombre el cargo, pero que no ejercieron un poder real, o, en el mejor de los casos, un Pedro Lascurain, Abelardo L. Rodríguez y muchos más.

Una obra de consulta pensada (o tal vez sin pensar) para bibliotecas, ya que su magnífica edición editorial lo coloca a un costo bastante elevado para un país que no lee y mucho menos tiene dinero para ediciones lujosas.

Democracia, voto y consenso

(Texto original del 8 de octubre de 1996)
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Esta muy en voga la democratización de todo lo que nos rodea, Estado, partidos políticos, oficinas, instituciones... y tal parece que la idea de democracia es simplemente el voto. Definir democracia es, sin duda alguna, un trabajo para una tesis, así que solo tomaremos la definición simple de un diccionario, sin meternos en algo más complejo: “Sistema político en que el pueblo ejerce la soberanía. Doctrina favorable a la intervención del pueblo en el gobierno”.[1] Esto nos da como resultado que el voto es un camino o una herramienta de la democracia y no, como comúnmente se cree, que el voto por si solo es la democracia. En otras palabras, la democracia es elegir a los gobernantes, pero solo en parte, ya que también lo es el poder llegar a ser elegido, o simplemente el llegar a participar en el gobierno, representando al pueblo.

¿Por qué razón decimos que en México no hay democracia? Porque por tradición el voto es allanado para imponer a algún personaje o personajes, no importando la opinión del pueblo. ¿Y desde cuando actuamos así? Desde siempre y por una tradición aun más antigua que la elección por sufragio: la de elegir a los gobernantes por consenso. La elección por sufragio se resume en que el que tenga más votos en su favor adquiere el cargo por el cual es electo, lo elige la mayoría, aunque la diferencia sea por un solo voto. La elección por consenso es cuando alguien adquiere un cargo en forma unánime, sin ningún voto en contra y por acuerdo de todos los electores. El sufragio universal como lo conocemos ahora, donde las mujeres también votan, tiene menos de dos tercios de siglo y se rige por infinidad de instrumentos para no ser violado. En cambio la elección por consenso tiene más de cinco siglos en esta tierra y no se regula por ningún decreto, ley o norma, simplemente por consentimiento, y no necesita ser protegido ya que no se viola.

En tiempos prehispánicos la comunidad se integraba en un núcleo familiar, a manera de clan escocés o de gens latina: el calpulli. El calpulli era dirigido por los miembros más prominentes de este núcleo social, por lo general personas de edad avanzada, que nombraban, por consenso, a los funcionarios que necesitaba el calpulli, al teachcauh, jefe civil y religioso, al tecuhtli, jefe militar, entre otros. La unión de varios calpulmej (plural de calpulli) daba al Estado, representado en el tlatocan, compuesto por los teachcauh y los tecuhtli de cada calpulli. El tlatocan a su vez elegía por consenso al tlatoani, gobernante del Estado, y al tlacatecuhtli, jefe militar del Estado. A la llegada de los españoles el tlacatecuhtli de tenochtitlan hacia también las funciones de tlatoani, gobernante y jefe militar en la misma persona, pero la estructura de elección era la misma. Tiempo después, a pesar de la imposición del gobierno español en el Estado, a nivel familiar se conservó, y se conserva, esta forma de elección en comunidades indígenas[2].

En las elecciones del Tlatocan se reunían: los teachcauh (como hoy se reúnen los gobernadores, procuradores y magistrados), los tecuhtli (o secretarios de la Defensa y Marina), los tequitlatos (o secretarios del trabajo), los tequinechicoani (o secretarios de hacienda), los cuacuilli, (o arzobispos y obispos), los topiles (o policías), entre otros. Estudiaban la situación que regía en el Estado y valorando las cualidades que debía tener el gobernante, además de procurar que éste fuera afín a cada uno de ellos o de sus políticas, se elegía al nuevo tlacatecuhtli (o presidente). Cuando era anunciado al pueblo en general (lo que hoy se conoce como destape) se tenía que aceptar, porque era la mejor decisión de sus representantes más sabios[3]. Cosa que a la fecha en mucho no ha cambiado.

El problema del consenso es que tiene que ser en un grupo reducido (se imaginan unificar los criterios de 80,000,000 de mexicanos) y el grupo reducido solo ve sus intereses despreocupándose de los intereses de los demás. El problema del sufragio es que por añeja costumbre es depuesto por el consenso y el voto no lo tenemos muy arraigado en nuestra cultura, es un invento venido de no se donde, impuesto por decreto, que si se sigue violando jamás podrá ser la forma más viable de la democracia en México.

[1] Enciclopedia Vniversal Ilvstrada: Evropeo Americana, t. XVIII, Madrid, Espasa Calpe, S.A., s/f, p.p. 31.
[2] Gortari, Eli de, “Organización Social”, en La ciencia en la historia de México, México, Grijalvo, 1990, p.p. 49 - 60.
[3] León Portilla, Miguel, Conferencia Magisterial en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional Autónoma de México, 18 y 19 de septiembre de 1996.

¿Integración Latinoamaricana?

(Texto original del 16 de agosto de 1996)
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Iberoamérica, Hispanoamérica, Indoamérica, Amerindia, Eurindia,... Latinoamérica, palabras que denota algo más que una parte de la masa continental de América, palabras que denotan una idiosincrasia, una historia, una vida en común. A las que no se escapan las ideas de unidad, de integración, de solidaridad, de un destino en común, pero desafortunadamente encierra en su seno la desunión, la competencia, la búsqueda de una superioridad en alguna de sus partes.

Las diferencias entre las naciones hispanas, creadas en su mayoría, por sus raíces precolombinas y sus experiencias como Estados independientes, parecen que se empeñan en no llegar al sueño de Bolivar, no importando la similitud que engloban las raíces y las experiencias. La mayoría con culturas que mantuvieron la hegemonía de la región, no importando cómo (Aztecas, Incas y Mayas), por otro lado, guerras intestinas, ya sean, para sustentar una nueva dictadura, tirar alguna otra o para reclamar los ideales, que en su mayoría, no difieren en su esencia; además de las guerras contra las naciones, que ven en la violencia, el camino para lograr sus propios intereses, sin olvidar el imperialismo económico de los estadounidenses.

Entonces, si tenemos ideales en común, luchas en común, una vida en común, ¿Por qué no se cristaliza la integración ? ¿Acaso son más fuertes las diferencias que las semejanzas? Parece ser que si. Nos empeñamos en acentuarlas y en engrandecer nuestras disputas.

Claro. Ante todo soy mexicano, pero antes de pertenecer a una globalización soy latinoamericano. No por valorizar mi nacionalidad estoy en la posición de negar mi patria grande. Tampoco puedo gritar que el mundo no me interesa, porque ante todo soy latinoamericano, eso sería una incongruencia o hasta un extremismo. También tenemos que luchar en el contexto europeo y estadounidense, ya que nuestra misma latinoamericanidad nos hace ineludiblemente occidentales, no un ente aparte. Como occidentales, somos la nación más numerosa y diversa; por ello no querramos incorporarnos a un occidentalismo dejando de ser una parte de ese occidentalismo mismo.

Veo, al igual que muchos otros, que como hispanos tenemos que integrarnos reconciliándonos con nuestro propio pasado, tomando en cuenta que éste no empezó al hacernos independientes, ni mucho menos en los vestigios que heredamos de nuestros ancestros prehispánicos. Tenemos que reconciliarnos, sobre todo, con nuestro pasado en común, con tres siglos que nos dieron nuestra identidad con sus múltiples variantes, con el colonialismo ibérico.

Más allá de lamentar el hecho de haber sido parte de un imperio, el Español o el Portugués, en su caso, tenemos que aceptarlo, entenderlo y sobrellevarlo. Solo así, después de dejar de luchar contra lo que somos, podremos hablar de una integración latinoamericana.

El librarnos de aranceles económicos con tratados de Libre Comercio, produce una integración, sin duda alguna, y puede llegar a ser la única entre muchas culturas y naciones que no tienen otro lazo que el comerical. Tampoco podemos imponer un sistema socializante en las manos de algún caudillo iluminado, porque no somos un grupo pequeño de lideres revolucionarios. En nuestro caso, el dejarnos solo a las cuestiones comerciales o a gobiernos autoritarios, es renunciar a una buena parte de lo que realmente somos: hermanos.